Archive for the ‘Pensando…’ Category

Olvidela Compa

 

“…Yo me imagino que tiene que batallar para dejarla,

si usted la quiere bastante pues no es muy fácil para dejarla,

Hay que sufrir para dejarla…”

 

 

Nortec

Simoncho….se me perdió :(

Les presento…Simón

Este es Simón mi gato, tiene…como…no estoy seguro…por ahi unos 6 o 7 meses… llegó de el tamaño de un puño y ahora lucho con el hijueputa por poderlo sacar de mi cama…

Ahi donde lo ven me ha sacado del hueco más de una vez… tiene la habilidad especial de tranquilizar los pensamientos y hace olvidar cosas al alma…

Aunque tiene el jardín hecho una mierda, alegra mucho el berraquito…

Figurita de Leche

Figurita de Leche

Su piel se veía tan tersa como sedosa. Me recordaba los pétalos de una rosa blanca recién cortada. Cuando la tuve frente a mí, como si yo aún fuera un niño, en la mente la llamé Figurita de Leche.

La expresión de la cara tenía dulzura de azúcar de caña. Los ojos se le adormecían con discreta picardía que delataba la escondida lascivia que hervía dentro de su humanidad. ¡Sí! Recuerdo sus ojos que por el tinte verde claro parecían fundidos en vidrio veneciano. La boca, más bien grande, mostraba dientes ligeramente prominentes. Los labios, algo gruesos, no mucho, contrastaban con el perfil helénico de la nariz. La cuenca de los ojos y el arco de las cejas les daban entorno a unas pestañas largas que enloquecían mis deseos varoniles. El cabello, liso y obediente, caía en un torrente de hilos dorados sobre sus hombros menudos. Los brazos redondos, las manos alargadas, que movía con aleteo de mariposa, las piernas como esculpidas en mármol italiano, todo, todo en ella estaba bien formado, en la medida justa de la perfección.

Su imagen me despertaba el recuerdo infantil de las pastas de dulce de leche que hacen en mi pueblo natal, luego de que el láctico se espesa al batirlo con maicena y azúcar y adquiere la consistencia necesaria para moldear damitas dulces, de lineas y contorno definidos, semejantes a Figurita de Leche. Sólo que éstas, siendo también deliciosas, no son lúbricas, ni excitantes, ni cautivadoras, como ella.

Pasados muchos años, por uno de esos inesperados albures de la vida, una noche milagrosa, plena de júbilo y desbordante sorpresa, Figurita de Leche llegó hasta mí, súbitamente, en un romance prohibido. La poseí con pasión y furia de joven, en trance lujurioso de machismo egoísta. Ella me devoró con ardentía discreta y envolvió mi locura en caricias prohibidas, de las que comprometen el recuerdo perenne. Al final vino el adiós. Albur inolvidable que en la plenitud de la existencia fue a la vez caprichoso y cruel: al llegar la aurora, ¡me la quitó para siempre!

Transcurrió luego mucho tiempo. Me volví huraño y de nuevo regresé a la poesía. Escribí versos de amor y de dolor. Sobre mi producción, un crítico muy reputado dijo: “El rigor, la métrica y el ritmo, intachables. Son los de un poeta de sus cualidades ¿Pero que se hizo la inspiración que antes le salía del alma?” Eso me dolió, claro está. Pero él tenía razón. En aquella madrugada, Figurita de Leche no sólo me robó su encanto sino que marchitó los efluvios espontáneos que antes me brotaban del alma.

No quisiera relatarlo, pero en gracia de ser honesto debo confesar que una vez hasta hice el ridículo por buscarla a ella: vi pasar frente a mí los cabellos dorados que brotaban airosos de una cabecita menuda y flotaban sobre los hombros perfectos de la dama que viajaba en el autobús. Corrí tras el vehículo, lo alcancé, me acerqué y… ¡oh sorpresa!, era una modelo de la televisión.

Ahora, en las noches claras, perdido en la estepa de mi propia conjura, la que forman el alma vacía y las remembranzas pesarosas, con nostalgia abigarrada en estos ojos cansados, miro la luna, suspiro y, aun estando despierto, sueño con ella. Y sucede un milagro: como un fantasma su silueta etérea regresa y me entristece, quizá con algo de mortificación para mí.

Entonces, en la soledad de estos muchos años, la envuelvo con halagos inmateriales en mis pasadas ilusiones y evoco su expresión azucarada, añoro tanta lascivia de mujer cautivadora y a la vez esquiva, echo de menos los brazos redondos, las largas y marmóreas Piernas, las caricias prohibidas y el volcán de su pasión.

Al final, confundido en mi propio pasado, no se si odio o si amo las figuritas de leche de mi pueblo.

-William R. Fadul-

una historia… aunque al final de cuentas no te la merecias, ni esto, ni nada…